viernes. 30.10.2020 |
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Condenan a 4 mujeres por dejar agua para inmigrantes en el desierto de Arizona

Foto: The Washington Post / Getty
Foto: The Washington Post / Getty

Éxito Noticias, 5 de marzo 2019.- Dar de beber al sediento –lo dicen las Sagradas Escrituras– es lo que estuvieron haciendo Natalie Hoffman, Oona Holcomb, Madeline Huse y Zaachila Orozco-McCormick. Les sale caro.

Las cuatro aguadoras ya saben cuál es el precio de ayudar a los que tienen sed, después de jugarse la vida por su sueño de llegar a un mundo mejor, ese paraíso que también es la meta de los credos religiosos.

Según una de las mujeres, “la política fronteriza empuja a la gente a rincones lejanos y peligrosos”

Esta es una época difícil en Estados Unidos, donde la solidaridad y la buena voluntad incluso supone arriesgarse a sufrir el castigo humano. Sin olvidar qué supone exponerse al escarnio de un presidente elogioso con los tiranos del mundo, pero que descalifica a los inmigrantes sin papeles como criminales –asesinos, narcos, violadores– aplicando la brocha gorda y propagando dosis de xenofobia entre sus bases.

Esas cuatro mujeres, colaboradoras de la organización sin ánimo de lucro No More Deaths (No más muertos), se adentraron en el desierto de Arizona para ofrecer su ayuda humanitaria a aquellos que cruzan la frontera sur, por lo general en condiciones precarias, tras ser abandonados por los coyotes y ser expoliados, una vez que les guían en el cruce de países.

Un juez federal ha sentenciado a las cuatro aguadoras a quince meses de libertad condicional –con el riesgo de ingresar en prisión en cualquier momento si se reiteran en su “mala conducta”– y una multa de 250 dólares para cada una.

¿Su delito? Este castigo es el resultado de los cargos de diseminar recipientes con litros de agua y latas de comida para la supervivencia de los inmigrantes que se saltan la frontera de México con EE.UU.

“La crisis en la frontera de este país es una cuestión de vida o muerte”

A estas mujeres se les imputa, además, el hecho de manejar un vehículo sin permiso para acceder al refugio del parque nacional de Cabeza Prieta, al suroeste de Arizona –se les ha prohibido entrar en ese parque durante el cumplimiento de la pena–, así como de contravenir la norma de entrar en el refugio sin autorización y “abandonar” materiales después de que funcionarios de la agencia estadounidense de Pesca y Caza las pararan en agosto del 2017 y las advirtieran.

Es decir, que son reincidentes en su solidaridad.

Ese verano del 2017 fue uno de los más calurosos que se recuerdan en esa zona, y ellas se limitaron “a tratar de salvar de la muerte por inanición o deshidratación a los que iban caminando por el desierto”, según una nota de la citada organización No More Deaths, cuya razón de ser es evitar que haya defunciones entre los que se deciden a dejar la pobreza de su hogar y aventurarse en Estados Unidos persiguiendo una oportunidad.

Según el comunicado de este colectivo, el juez afirmó durante la vista oral: “Creo que no hace falta decirlo, necesitas agua en el desierto, y sin agua, se puede morir”. La fiscal Elizabeth Strange avisó, sin embargo, de que la acusación no desistirá y continuarán planteando cargos individuales a todos los que insistan en esa iniciativa.

“La crisis en la frontera de este país es una cuestión de vida o muerte”, subrayó Madeleine Huse, una de las cuatro aguadoras. “La historia no dará la razón a los que están en el lado equivocado. Nuestra política continúa empujando a la gente a rincones remotos y peligrosos del desierto”, reiteró.

Entre tanto, el presidente Trump ha declarado la emergencia nacional en la frontera sur –el Pentágono la niega– para alzar su muro, que es su seña de identidad. Una de las Cámaras ya votó su rechazo y los últimos cálculos indican que hará lo propio el Senado, así que Trump deberá ejercer su veto.

Estas condenas son una escalada a algo que viene de lejos. En verano del 2010, La Vanguardia estuvo en el campamento de No More Deaths –un lugar destartalado, sin comodidad alguna– viendo ese reparto de agua. Los voluntarios eran jóvenes blancos que decían actuar “contra la mala política migratoria de mi país”. Una vez más, está claro que siempre se puede empeorar.

(La Vanguardia)

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